Reflexión sobre el COVID-19 del Dr. José Luis Malagón Bernal

Queridos amigos:

Me voy a permitir hacer algunas reflexiones desde mi confinamiento sobre la situación de incertidumbre que estamos viviendo. Nuestros contactos nos reenvían y  nosotros a su vez reenviamos muchos mensajes relativos a la situación desencadenada por el COVID-19. La mayoría son de carácter jocoso, lo cual es bueno y creo que hasta terapéutico. Otros artísticos, musicales, culturales, también muy apropiados al contexto. Ahora bien, voy a permitirme emitir mi opinión personal, pues muchos mensajes que recibo -no solo vuestros- y yo mismo reenvío, no los comparto.

La crisis desencadenada tiene varias caras -es poliédrica- . Evidentemente, la más importante es la sanitaria. Pero no tenemos que ahondar mucho para descubrir que existen otras caras como la económica, política, social o cultural. La social es la que a mí me atañe directamente como profesional que he sido hasta que me han jubilado de Política Social y Servicios Sociales, tanto en el ejercicio profesional de a pie de obra como más tarde de profesor en la universidad. Vengo oyendo en boca de muchos políticos que ante el virus todos somos iguales. Si estuviera ante mis alumnas diría que es rotundamente falso. Para informarnos vayamos a los datos facilitados por los estudios de Cáritas, el VIII Dossier elaborado por FOESSA, el Barómetro Social, etc.

Según la Comisión Europea, España ocupa el tercer puesto de la UE -detrás de Bulgaria y Lituania- con mayor grado de desigualdad. La tasa de desempleo es cercano al 14%, sin entrar en la precariedad laboral y el 30% depara en nuestros jóvenes (en Andalucía los porcentajes son más altos). Si nos acercamos a realidad concreta de nuestros barrios pobres vamos a descubrir condiciones incluso peores que en algunos campamentos de refugiados. Creo que conozco relativamente bien los barrios marginales de Sevilla: Polígono Norte, Polígono Sur -conocido como las Tres Mil-, Torreblanca, Los Pajaritos, el Vacie, etc. No tenemos que demostrar minuciosamente que su riesgo es muchísimo mayor. Hace años realicé investigaciones -algunas de ellas publicadas y escribí algunos artículos en la prensa- y creo que no me equivoco si afirmo que han empeorado desde entonces. Las medidas que he oído hoy a las autoridades responsables las comparto si la llevan a la práctica -no voy a entrar en detalles-, pero no podemos olvidarnos de su etiología -no se trata solo de paliar los síntomas-.

El origen de este mal social que nos hace vulnerables ante el virus se encuentra en: reformar la constitución con nocturnidad y alevosía para atender a las entidades financieras, flexibilizar los despidos, recortes sanitarios, educativos y sociales, la privatización de bienes comunes, etc. En definitiva tienen unas causas. La solución no puede llegar, pues, como también leo por ahí, en que los ricos donen generosamente parte de su riqueza a los pobres -limosnas en definitiva-. Ha de venir por parte del Estado -al que tanto se ha denigrado; se decía menos Estado y más mercado, pero al que ahora recurrimos -a través del establecimiento de una fiscalizad justa-, que pague más el que más tiene y reciba más el que menos tiene. El primer modelo está basado en una virtud privada como la caridad, es decir, depende de la voluntad individual del donante. En la segunda acepción hablamos de la virtud pública de la justicia – los derechos, entre ellos los sociales, dimanan de la justicia, no de la caridad-. Los alumnos de primero de Trabajo Social saben que el primer modelo recibe el nombre de «capitalismo filantrópico» y el segundo de Estado de Bienestar. Para terminar, desde una perspectiva política -en la que no entro- la postura que defiendo no es «comunismo», es sencillamente «socialdemocracia». Y para los católicos «doctrina social de la iglesia» (León XIII, Pio IX, Juan XXIII…).

Esta es mi opinión. Un abrazo.